La reinauguración del Teatro Real fue una fiesta visual. Se cuidaron los detalles en la remodelación del edificio que muchas veces fue dejado de lado por el poder de turno.
Desde el ingreso hasta los vestuarios, se nota el trabajo realizado y el público tendrá oportunidad de gozar de los espectáculos sin tener que soportar las inclemencias del tiempo, como sucedía en años anteriores, por falta de calefacción o de aire acondicionado, según la época.
Tanto la sala Carlos Giménez, como la Azucena Carmona fueron dejadas en óptimas condiciones para que recomenzara la función.
Las críticas fueron convergentes, no sólo en los medios de prensa, sino en la respuesta de la gente, que supo reconocer el esfuerzo realizado.
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